Buenas noches,
hoy es festivo, la gente se ha echado a la calle gracias a la bonanza climatológica de un otoño algo extraño, pero hay gente sentada alrededor de esta radio, hay gente esperando oir lo que siento ahora.
Hoy es el día de la Hispanidad, el día del desfile de las Fuerzas Armadas, el día de la raza para los sudamericanos, pero en el fondo es el día del Pilar para todos.
El que habla no es aparejador ni arquitecto, no es Ingeniero de Edificación, título moderno donde los haya en una etapa de la vida en la que los ingenieros son los que mandan en ella después de los chinos.
El que os habla no tiene ni idea de diseño, ni es capaz de hacer una línea derecha pero sabe lo que es un pilar.
No voy a hacer uso de diccionario ni de wikipedia, solo lo definiré como se, como lo siento ahora.
Daros cuenta que algunas veces dejo callado al cerebro y le abro el micro al corazón. Creo que no hará falta deciros cuando habla uno u otro.
Pero no nos desviemos. Hablamos de pilares. Lo primero que se nos viene a la cabeza es un bloque de hormigón que sujeta un edificio (que me corrijan ahora los arquitectos o los nuevos ingenieros de los que algún día hablaremos), es broma.
Por otro lado se viene al pensamiento los famosos "Pilares de la Tierra" de Tolken, o los dichosos y asquerosos pilares de la economía de los que por desgracia tanto sabemos y oímos en esta inacabable época de crisis, si aquella que hace dos o tres años todo el mundo negaba, que estaba como una zorra ahí agazapada y de la que a día de hoy los mismos que la negaban ahora nos dicen que no tienen ni puta idea de cuando acabará ni de como acabar con ella.
Pero vamos al grano, egoístamente a mi grano.
Hay un Pilar que es el que soporta muchas vidas, muchas ilusiones, muchos corazones y muchas esperanzas.
Ese el el pilar que es de alabastro y mide algo así como una cuarta, un Pilar que sujeta a una Virgencita no mucho mayor que este.
Una Virgencita que cada vez que paso por la Iglesia de San Pedro, en Sevilla, hace que me estremezca porque me recuerda a su hermana mayor.
Tengo la suerte de conocer Zaragoza, y creo que medio bien tirando para muy bien. Sobretodo porque allí guardo mucha gente a la que quiero, algunos no están, otros se han alejado pero todos están en mi corazón.
Allí tenemos el Pilar que sujeta al mundo. No se cuantos siglos de devoción tiene, lo que si se es cuantos millones de personas se han postrado a sus pies en un pequeño reclinatorio de alabastro que tiene dos hendiduras en las que caben las rodillas que sujetan a un alma que pide, a alguien que abre su corazón para pedir ayuda, alguien que, como antiguamente, pedía que le prestaran el manto de la Madre para ponérselo a un enfermo que aunque no saliera de esa, se fuera reconfortado con su Padre.
Dos hendiduras hechas con el mejor martillo y escoplo que puedes encontrar, aquel que no se vende en ninguna ferretería, y que no es otro que el de la fe.
Permíteme que te resuma lo que siento ahora cuando me acuerdo de esta Virgencita, y te digo que lo resuma porque, si no amanece dentro de un rato.
Recuerdos no solo religiosos, recuerdos de paseos por la plaza, recuerdos de oraciones, de fotos analógicas y digitales, recuerdos de mi hermana metiendo el pie en una fuente a fin de hacerse una foto un frío sábado de noviembre antes de un acontecimiento que al final la Virgen no quiso que acabara bien, por algo sería, eso es inexcusable.
Recuerdos de ver como la devoción se extiende por el mundo, recuerdo de horas de cola para acercarle un ramo de tantas toneladas de flores que ponen a sus pies, recuerdos de bares, de conciertos de Amaral en el Paseo de la Hispanidad, recuerdos buenos, recuerdos mejores pero ninguno malo, bueno quizá uno que no es otro que alguna lágrima antes de las despedidas.
Por eso permitidme que hoy la dedicada de esta noche no sea una canción, ya que si de pilares se poco, menos se de jotas.
Dejadme que la dedicada de hoy sea un recuerdo. Quizá alguien lo vea y no sepa de que estoy hablando pero tengo seguro que hay una personita que llevo muy bien guardada en mi corazón que sabe, entre otras de lo que me refiero.
Para ella, la dedicada de esta noche
hoy es festivo, la gente se ha echado a la calle gracias a la bonanza climatológica de un otoño algo extraño, pero hay gente sentada alrededor de esta radio, hay gente esperando oir lo que siento ahora.
Hoy es el día de la Hispanidad, el día del desfile de las Fuerzas Armadas, el día de la raza para los sudamericanos, pero en el fondo es el día del Pilar para todos.
El que habla no es aparejador ni arquitecto, no es Ingeniero de Edificación, título moderno donde los haya en una etapa de la vida en la que los ingenieros son los que mandan en ella después de los chinos.
El que os habla no tiene ni idea de diseño, ni es capaz de hacer una línea derecha pero sabe lo que es un pilar.
No voy a hacer uso de diccionario ni de wikipedia, solo lo definiré como se, como lo siento ahora.
Daros cuenta que algunas veces dejo callado al cerebro y le abro el micro al corazón. Creo que no hará falta deciros cuando habla uno u otro.
Pero no nos desviemos. Hablamos de pilares. Lo primero que se nos viene a la cabeza es un bloque de hormigón que sujeta un edificio (que me corrijan ahora los arquitectos o los nuevos ingenieros de los que algún día hablaremos), es broma.
Por otro lado se viene al pensamiento los famosos "Pilares de la Tierra" de Tolken, o los dichosos y asquerosos pilares de la economía de los que por desgracia tanto sabemos y oímos en esta inacabable época de crisis, si aquella que hace dos o tres años todo el mundo negaba, que estaba como una zorra ahí agazapada y de la que a día de hoy los mismos que la negaban ahora nos dicen que no tienen ni puta idea de cuando acabará ni de como acabar con ella.
Pero vamos al grano, egoístamente a mi grano.
Hay un Pilar que es el que soporta muchas vidas, muchas ilusiones, muchos corazones y muchas esperanzas.
Ese el el pilar que es de alabastro y mide algo así como una cuarta, un Pilar que sujeta a una Virgencita no mucho mayor que este.
Una Virgencita que cada vez que paso por la Iglesia de San Pedro, en Sevilla, hace que me estremezca porque me recuerda a su hermana mayor.
Tengo la suerte de conocer Zaragoza, y creo que medio bien tirando para muy bien. Sobretodo porque allí guardo mucha gente a la que quiero, algunos no están, otros se han alejado pero todos están en mi corazón.
Allí tenemos el Pilar que sujeta al mundo. No se cuantos siglos de devoción tiene, lo que si se es cuantos millones de personas se han postrado a sus pies en un pequeño reclinatorio de alabastro que tiene dos hendiduras en las que caben las rodillas que sujetan a un alma que pide, a alguien que abre su corazón para pedir ayuda, alguien que, como antiguamente, pedía que le prestaran el manto de la Madre para ponérselo a un enfermo que aunque no saliera de esa, se fuera reconfortado con su Padre.
Dos hendiduras hechas con el mejor martillo y escoplo que puedes encontrar, aquel que no se vende en ninguna ferretería, y que no es otro que el de la fe.
Permíteme que te resuma lo que siento ahora cuando me acuerdo de esta Virgencita, y te digo que lo resuma porque, si no amanece dentro de un rato.
Recuerdos no solo religiosos, recuerdos de paseos por la plaza, recuerdos de oraciones, de fotos analógicas y digitales, recuerdos de mi hermana metiendo el pie en una fuente a fin de hacerse una foto un frío sábado de noviembre antes de un acontecimiento que al final la Virgen no quiso que acabara bien, por algo sería, eso es inexcusable.
Recuerdos de ver como la devoción se extiende por el mundo, recuerdo de horas de cola para acercarle un ramo de tantas toneladas de flores que ponen a sus pies, recuerdos de bares, de conciertos de Amaral en el Paseo de la Hispanidad, recuerdos buenos, recuerdos mejores pero ninguno malo, bueno quizá uno que no es otro que alguna lágrima antes de las despedidas.
Por eso permitidme que hoy la dedicada de esta noche no sea una canción, ya que si de pilares se poco, menos se de jotas.
Dejadme que la dedicada de hoy sea un recuerdo. Quizá alguien lo vea y no sepa de que estoy hablando pero tengo seguro que hay una personita que llevo muy bien guardada en mi corazón que sabe, entre otras de lo que me refiero.
Para ella, la dedicada de esta noche
Cuántos recuerdos, cuántas risas, cuántos abrazos echados de menos. En esta casa que es y será siempre la vuestra, desde este pequeño corazón que os habla, una lágrima recorre mi mejilla. Os quiero.
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