http://www.youtube.com/watch?v=Y0-knuZ3Dlg&feature=related
Recibiré postales del extranjero,
tiernas y ajadas, besos, recuerdos.
¿Cómo están todos? Te echo de menos.
Cómo pasa el tiempo...
Seremos otros, seremos más viejos,
y cuando por fin me observe en tu espejo,
espero al menos que me reconozca,
me recuerde al que soy ahora.
Aquellas manos, aquella mujer,
aquel invierno no paraba de llover,
perdona que llegue tan tarde,
espero saber compensarte.
Estás tan bonita, te invito a un café,
la tarde es nuestra, desnúdame.
Tras el relámpago te decía: "Siempre
recogeré flores en tu vientre".
Otro hombre dormirá contigo
y dará nombre a todos tus hijos.
Ven, acércate a mí,
deja que te vea,
que otras primaveras
te han de llevar muy lejos de mí.
Vértigo, que el mundo pare,
que corto se me hace el viaje.
¿Me escucharás, me buscarás,
cuando me pierda
y no señale el norte
la estrella polar?
Las frías mañanas en la facultad,
tú casi siempre huías conmigo al bar,
y me enfadaba si preferías
el aula a mi compañía.
Sobre la mesa botellas vacías,
qué sano es arrancarte esa risa,
y ahora cambiemos el mundo, amigo,
que tú ya has cambiado el mío.
¿Qué haré cuando te busque en la clase,
y mi eco me responda al llamarte?
Otros vendrán y me dirán
que te marchaste,
que te cansaste
ya de esperar.
Vértigo, que el mundo pare,
que corto se me hace el viaje.
¿Me escucharás, me buscarás,
cuando me pierda
y no señale el norte
la estrella polar?
Y la ronquera, los traicioneros nervios,
que me atacan antes de cada concierto,
viejas canciones, antiguos versos,
que espero retenga algún eco.
Y en el futuro espero, compañero, hermanos,
ser un buen tipo, no traicionaros.
Que el vértigo pase y que en vuestras ventanas
luzca el sol cada mañana.
Pero basta de lamentos,
brindemos, es el momento,
que estamos todos
y no falta casi nadie,
que hay que apurar
la noche que acaba de empezar.
Vértigo, que el mundo pare,
que corto se me hace el viaje.
¿Me escucharás, me buscarás,
cuando me pierda
y no señale el norte
la estrella polar?
Corría el año 1995 cuando empezó a escribirse la historia que posteriormente se convertiría en la letra de una canción que se estrenó justo al año siguiente, en 1996 cuando el desenlace se hizo efectivo.
Os he puesto la dedicada al principio para que, cuando oigáis esta historia, os sirva de guión, ya que hoy os quiero hacer una especie de comentario de texto, quiero contaros a todos una historia que, alguno de los que estáis por aquí alrededor, ya la conocéis, pero hoy es un día muy especial, un día que ahora entenderéis por qué no puede faltar esta canción.
Como ya os dije, corría el 95, no había internet, no había Spotify, ipods ni mp3.
Solo había un programa de radio llamado La gramola donde más de uno nos sentábamos a oír y a soñar como en esta emisora ahora.
Fue el año en que mi sueño se hacía realidad, empezar la carrera de Química, y fue en unas prácticas de bioquímica cuando apareció ella.
Perdida, tarde y me la pusieron de compañera en aquel laboratorio del sótano que tan mal olía.
Fue un flechazo, fue algo que nunca había sentido. Fue el comienzo del Vértigo.
Aquellas manos, aquella mujer,
aquel invierno no paraba de llover,
perdona que llegue tan tarde,
espero saber compensarte.
Estás tan bonita, te invito a un café,
la tarde es nuestra, desnúdame.
Tras el relámpago te decía: "Siempre
recogeré flores en tu vientre".
Todo el tiempo que estaba con ella era poco, se paraba o yo quería que se parara, pero no era capaz.
Intentaba aprovechar cada minuto de su compañía.
Pero varias circunstancias se ponían en nuestra contra. El tiempo corría, imparable, más que nosotros.
Las frías mañanas en la facultad,
tú casi siempre huías conmigo al bar,
y me enfadaba si preferías
el aula a mi compañía.
Sobre la mesa botellas vacías,
qué sano es arrancarte esa risa,
y ahora cambiemos el mundo, amigo,
que tú ya has cambiado el mío.
Y ahora cambiemos el mundo amigo, que tu ya has cambiado el mío. Lo cambió desde el primer momento que sentí por dentro que era la mujer de mi vida pero, ¿cómo decírselo? Éramos dos críos, estábamos muy lejos el uno del otro y había miedo, mucho miedo, Vértigo.
Pasamos a la solución del Carpe Diem, pero era equivocada.
Ella no podía con la carrera, lo suyo era curar personas no hacer experimentos, y se cansó.
Aún recuerdo el escalofrío que sentí cuando me dijo que se iba.
Dicen que el infarto es el dolor que más duele, perdón por la redundancia, pero creo que ese dolió más.
En ese momento empezó una relación a distancia, sin móvil ni email, solo alguna llamada de vez en cuando y cartas, muchas cartas.
Recibiré postales del extranjero,
tiernas y ajadas, besos, recuerdos.
¿Cómo están todos? Te echo de menos.
Cómo pasa el tiempo...
Qué lejos quedaba La puebla de Cazalla de Camas por aquellos entonces.
Que ganas de ver al cartero y preguntar si traía algo para el 4º A.
Seremos otros, seremos más viejos,
y cuando por fin me observe en tu espejo,
espero al menos que me reconozca,
me recuerde al que soy ahora.
Era gracioso, ahora por lo menos, cuando te enteras que teníamos ambos el mismo miedo, el temor a olvidarnos, a no reconocernos.
Fue gracioso cuando nos vimos un Lunes Santo. Un nazareno de negro, junto a otros 700, y se viene a parar justo delante, sin poder volverse, sin poder hablar, pero tras los años se acordaba el de ella, y ella lo reconoce!
Fueron apareciendo otras personas y fue creciendo la distancia, la puta distancia que incrementaba el Vértigo, que hacia que creciera hasta límites insospechados.
Se convirtió en un auténtico monstruo, un monstruo que hacía que tuviera una relación con una persona que no me quería, que me hizo daño , pero el monstruo hacía que no la olvidara, que cuando besaba a la otra lo hiciera soñando que fueran sus labios los que besaba.
El Vértigo se hacía una pesadilla, un remolino en el que no encontraba la salida, no la encontraba porque fui tan gilipollas que en vez de agarrarme a ella, tiré el flotador que me echó una tarde que me llamó cuando peor estaba.
¿Qué haré cuando te busque en la clase,
y mi eco me responda al llamarte?
Otros vendrán y me dirán
que te marchaste,
que te cansaste
ya de esperar.
Era lógico, cualquier persona lo hubiera hecho tras tantos años esperando como una tonta.
La tormenta en la que se había convertido el Vértigo había alcanzado tal magnitud que había perdido el norte, la estrella polar ya no sabía donde apuntar, pero en un último intento de supervivencia intenté buscar el flotador que ella me lanzó.
Fue un día como hoy, un 26 de enero, hace ya 9 años, cuando me curó el Vértigo de un beso, un beso que hasta hoy dura, un beso que hace que siempre digamos que llevamos 9 + 8 años juntos.
Gracias por comprender que cada uno tiene su canción, pero esta canción siempre ha supuesto mucho en mi vida, se llegó a convertir en una obsesión porque cuenta la historia de este tonto cobarde que no fue capaz de encontrar por ningún lado el valor que le hiciera no dejar pasar al tren que llevaba a su estrella polar.
Fueron muchos años oyéndola, era como un castigo, era oírla y llorar, era oírla y decir que no sabía por qué lloraba, por la cobraría de no decir que era porque me comía por dentro la rabia de estar oyendo la historia de mi vida.
La suerte que corrió la historia ya la conocéis todos, pero siempre es bueno tenerla en el pensamiento, siempre es bueno llevarla en el corazón porque, al fin y al cabo, es la canción de mi vida, al igual que ella.
Va por ti, Mercedes, mi estrella polar, mi antídoto contra el Vértigo, el motivo para seguir adelante.
Gracias a todos, de todo corazón, por compartir esta, por qué no decirlo, bonita historia de amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario