El dia amaneció como siempre últimamente, oscuro, nublado, poco apetecible.
Amanece demasiado temprano tras otra noche sin dormir. Los ánimos siguen buscando un poco de aire intentando no ahogarse en un mar de noticias asesinas con las que amanecemos. Lo que os quiero contar esta noche en vuestra radio no es mentira, no es una historia inventada, es una historia reciente, me ocurrió esta misma mañana.
Me dirigía al centro de Sevilla a ver a un cliente. La cabeza baja, como casi siempre, porque ya no encuentro subterfugio para evitar pensar.Andaba por los callejones de la parte menos rica del centro, de un centro que cada vez se empobrece mas.
Mi cabizbaja testa no se distinguía de las demás, la gente está triste y solo la levantan los pocos guiris que a esas horas veían la Catedral. Y es que ¿para qué la vas a levantar? ¿Para ver los carteles en los balcones de los bancos vendiendo pisos embargados? Era temprano, el cliente no había abierto y buscaba un café que mitigara el cansancio y un extraño frio que me empezó a recorrer el cuerpo,como si se lo viera venir. Era un frio conocido. Sentí miedo. Se habían roto todos los cristales de las ventanas de mi alrededor y entraba viento, no dejaba entrar el sol que intentaba asomarse pero nunca lograba hacerse paso entre la multitud. Allí estaba él. Jóven de mi edad mas o menos, bien vestido, bien aseado, bien hundido.
La gente pasaba por su alrededor y lo consideraba como si fuera otro más, pero no lo era. Siempre asociamos el mendigo al borracho, al tirado, al extranjero.
Él no cumplía ninguno de esos requisitos.
Notaba como los cristales que se habían roto caían sobre mi, me cortaban la piel dejando entrar mas el viento. Sentía cada vez mas frio, cuanto mas me acercaba mas, tanto que me paralizó cuando me puse delante.
Apenas pude ver su cara, estaba mas hundida que la mía. Solo vi su tarjeta de presentación. Un cartel hecho con la tapadera de una caja de zapatos."Ayúdame, por favor. Me llamo Carlos y no tengo nada". El frio se convirtió en terror, huía despavorido por el callejón buscando la plaza que había al final porque no podía respirar.
Huía como un cobarde, como un mierda, como una hiena asustada cuando el león se da cuenta que le ha intentado robar la comida. Sonó el móvil, era Mercedes, no recuerdo ni el motivo de la llamada, estaba aterrorizado. La tarjeta de Carlos estaba escrita a la perfección, tenía buena letra. ¿Por qué no puede ser un ingeniero o un físico que lo ha perdido todo? Puede ser un médico o un profesor de facultad interino que se ha quedado en la puta calle, como tantos.
Entré en un bar, me senté en la barra pero no me pasaba ni el agua. Mi café lo pedí para llevar, pagué y me fui a buscarlo, rezando para que no estuviera, para que todo fuera una pesadilla fruto de noches insomnes. Pero no, estaba allí, como antes, ¿dónde si no?
Le puse en la caja de zapatos el café y las monedas que llevaba encima, no se cuantas eran, Dios quiera que muchas. Le puse la mano en su hombro y sin mirarlo a la cara, no era capaz, le dije "suerte". El me contestó algo, no lo oí, estaba ya demasiado lejos. Mi cobardía se hizo fuerte y me ahogaba.
Solo le puedo dedicar otra oración, y pedirle a Dios que lo ayude. Esa oración va a ser en forma de canción.Como siempre de Ismael, son ya 17 años juntos, fieles compañeros, muchos buenos y malos momentos.
Cuenta una historia parecida a la de Carlos. Se que no la podrá oir, lo mismo la conoce, pero lo que quiero es que el escalofrío que yo sentía esta mañana se convierta en calor, que lo acurruque, que lo levante.
Va por ti Carlos, para ti, solo para ti, Podría ser
Va por ti Carlos, para ti, solo para ti, Podría ser
http://www.youtube.com/watch?v=tTJc-Pac694&ob=av2e
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